Pedro Sanchez, camarero de cuarenta y tres años, no podia creer lo que estaba viendo. Disminuyó la velocidad de su vehículo y observó con detalle aquello que le habia salido al paso mientras circulaba por la solitaria y oscura carretera secundaria que llevaba a León.
A unos 200 metros de distancia apareció de repente un rectángulo muy luminoso semejante a una pantalla de televisor de color anaranjado, que se mantenia a dos metros de altura sobre el asfalto sin emitir ningun sonido. El miedo se apoderó del conductor que comenzó a aumentar la velocidad dispuesto a dejar atrás a su extraña escolta.
Pero por más que aceleraba, aquello continuaba guardando la misma distancia. Al llegar al desvio de entrada que se dirigia a su chalé, Pedro bajó del coche, comprobando como aquella pantalla se paraba y posteriormente empezaba a ascender lentamente, para perderse en el cielo encapotado de León.
Pedro entró en su casa, se tiró en la cama y desvelado toda la noche, no pudo dejar de pensar en lo que habia visto. Pasaron los dias y el hombre no pronunciaba palabra, no salia de casa; el miedo y la inseguridad se habian apoderado de él.
Su vivienda parecía un búnker, debido a los tablones que clavó en las ventanas y en la puerta, y en las paredes del interior habia raros dibujos que se podian identificar con ovnis.
La gente cercana a Pedro, preocupados por no saber nada de él, se acercaron a su casa observando algo horrible. Cuando pudieron abrir la puerta entablada, se encontraron la casa completamente desordenada, las fotos en las paredes, pintadas...todo tenía un aspecto espeluznante, pero Pedro no estaba allí. Buscaron por todas las habitaciones del chalé, hasta que se dieron cuenta de una trampilla que daba entrada al ático. Subieron por las chirriantes escaleras de madera, y cuando llegaron arriba, la imagen de una silueta parecida a un hombre se observaba al fondo de la habitación. Corriendo se acercaron a él y a la vez que lo hacian se oia una voz que decia: "!Fuera de aqui! !Salir de mi cabeza!".
Cuando llegaron era tarde, Pedro se habia arrojado por la ventana.
La ambulancia no tardó en llegar, y en estado grave le trasladaron al hospital, donde al poco tiempo despertó con amnesia, no recordando nada de lo ocurrido.
Asi la historia de Pedro se quedo en una experiencia que nadie, ni siquiera él podrá recordar.
Historias de Terror, leyendas Urbanas, Deportes, música etc..., entra y deja tu comentario, Gracias.
viernes, 16 de septiembre de 2011
El filo del cuchillo relato de Hechos Reales
Unos amigos fueron de turismo rural al Pirineo y se acomodaron en diversas cabañas. La primera noche y ante el estado del tiempo, cedieron ante el aburrimiento hasta que a uno de ellos se le ocurrió realizar la güija.
Después de prepararlo todo, se quedaron muy expectantes ante lo que pudiera ocurrir, menos uno de ellos. Este chico no respetó lo que tenían entre manos y no hacía más que reírse y tratar de "cazafantasmas" y payasos a los otros.
Se fue a dormir. Esa noche y en la oscuridad de su habitación descubrió un pequeño punto de luz situado en el techo. No hizo ningún caso y se durmió. La noche siguiente se repitió la misma visión esta vez un poco más grande, no hizo mucho caso diciendo que eran jugadas de su mente y durmió. Noche tras noche se repetía las misma visión y el objeto luminoso era cada vez más grande. Empezó a inquietarse sobre manera.
Por la noche descubrió que el objeto que noche tras noche aumentaba de tamaño mientras se acercaba era un puñal de hoja plateada. Encedía la luz y el puñal desaparecía, apagaba e intentaba cogerlo, no podía porque su mano desaparecía entre la oscuridad. Comenzó a volverse loco porque pensaba que si ese puñal se seguía acercando moriría. Una noche descubrió que el puñal estaba estático y a un palmo de su pecho. Por la mañana cambió de casa para dormir (en la de un amigo) pidió que no le dejaran solo....
A la mañana siguiente... murió de un infarto.
Después de prepararlo todo, se quedaron muy expectantes ante lo que pudiera ocurrir, menos uno de ellos. Este chico no respetó lo que tenían entre manos y no hacía más que reírse y tratar de "cazafantasmas" y payasos a los otros.
Se fue a dormir. Esa noche y en la oscuridad de su habitación descubrió un pequeño punto de luz situado en el techo. No hizo ningún caso y se durmió. La noche siguiente se repitió la misma visión esta vez un poco más grande, no hizo mucho caso diciendo que eran jugadas de su mente y durmió. Noche tras noche se repetía las misma visión y el objeto luminoso era cada vez más grande. Empezó a inquietarse sobre manera.
Por la noche descubrió que el objeto que noche tras noche aumentaba de tamaño mientras se acercaba era un puñal de hoja plateada. Encedía la luz y el puñal desaparecía, apagaba e intentaba cogerlo, no podía porque su mano desaparecía entre la oscuridad. Comenzó a volverse loco porque pensaba que si ese puñal se seguía acercando moriría. Una noche descubrió que el puñal estaba estático y a un palmo de su pecho. Por la mañana cambió de casa para dormir (en la de un amigo) pidió que no le dejaran solo....
A la mañana siguiente... murió de un infarto.
viernes, 5 de agosto de 2011

Título: Los Pitufos 3D
Título original: The Smurfs
Dirección: Raja Gosnell
País: Estados Unidos, Bélgica
Año: 2011
Fecha de estreno: 29/07/2011
Duración: 86 min.
Género: Comedia, Familiar, Animación, Fantástico
Calificación: Apta para todos los públicos
Reparto: Neil Patrick Harris, Jayma Mays, Hank Azaria, Jonathan Winters, Katy Perry, Alan Cumming, George Lopez, Paul Reubens, Kenan Thompson, B.J. Novak
Guión: David N. Weiss, J. David Stem
Web: www.smurfhappens.com
Distribuidora: Sony Pictures
Productora: Columbia Pictures, Sony Pictures Animation, Kerner Entertainment Company
Cuando el malvado brujo Gargamel echa a los diminutos Pitufos de su poblado, estos emprenden un fantástico viaje desde su mágico país hasta el mundo real, aterrizando en mitad de Central Park. Mientras se adaptan al entorno, esquivan a los humanos y huyen de Gargamel, los Pitufos tendrán que encontrar el camino de regreso al dulce hogar antes de que sea demasiado tarde.
Esta es la primera adaptación que se realiza en 3D de 'Los Pitufos', una historieta creada por el dibujante belga Peyo a finales de los años cincuenta y que ya hemos visto anteriormente tanto en el cine como en la televisión.
DESCARGA:
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FICHA TECNICA
TÍTULO ORIGINAL Captain America: The First Avenger
AÑO 2011
DURACIÓN 125 min.
PAÍS [Estados Unidos]
DIRECTOR Joe Johnston
GUIÓN Christopher Markus, Stephen McFeely (Cómic: Joe Simon, Jack Kirby)
MÚSICA Alan Silvestri
FOTOGRAFÍA Shelly Johnson
REPARTO Chris Evans, Hugo Weaving, Hayley Atwell, Sebastian Stan, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Toby Jones, Neal McDonough, Derek Luke, Natalie Dormer, Richard Armitage, Dominic Cooper, Samuel L. Jackson
PRODUCTORA Marvel Studios / Paramount Pictures
WEB OFICIAL http://captainamerica.marvel.com/
GÉNERO Acción. Fantástico | Superhéroes. Cómic. Marvel Comics. 3-D
SINOPSIS
Nacido durante la Gran Depresión, Steve Rogers creció como un chico frágil en una familia pobre. Horrorizado por las noticias que llegan de Europa sobre los nazis, decide enrolarse en el ejército; sin embargo, debido a su precaria salud, fue rechazado una y otra vez. Enternecido por sus súplicas, el General Chester Phillips le ofrece la oportunidad de tomar parte en un experimento especial. la "Operación Renacimiento". Después de administrarle el “Suero Super-Soldado” y bombardearlo con “vita-rayos”, el cuerpo de Steve se hace perfecto. Posteriormente, es sometido a un intensivo programa de entrenamiento físico y táctico. Tres meses después, recibe su primera misión como Capitán América. Armado con un escudo indestructible y su inteligencia para la batalla, el Capitán América emprende la guerra contra el mal, como centinela de la libertad y como líder de los Vengadores.
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Matadero de Personas
El matadero es un lugar, donde se hacen atrocidades con la carne. Se rebana con brutalidad, y se da muerte a muchas almas. El matadero es el terror en sí. Las personas caminan hacia el matadero cuando saben que morirán. El matadero es donde yacen los más terribles miedos, y la muerte misma. El matadero representa el dolor en todo el sentido de la palabra. Es el lugar donde yace el sufrimiento, y la realidad sobrepasa a la pesadilla. El matadero, es el fin de todo lo que conoces. Prepárate para encaminarte hacia el matadero, donde todo culmina.
La noche estaba inquieta. Los relámpagos atronadores, centelleaban en el cielo. En lo más profundo del campo oscuro, cubierto por frondosos árboles, dividido por caminos de tierra, se encontraba una vasta y antiquísima hacienda. Y como se decía que en el campo no había luz eléctrica, la penumbra de la hacienda era atenuada por las escazas velas distribuidas por las infinidades de habitaciones. Anastasia, una de las jóvenes hijas de los patrones, recorría los pasillos, dirigiéndose hasta su cuarto para conciliar el sueño, a eso de las doce de la noche. Pasó frente a la habitación del abuelo Eustaquio. La puerta estaba cerrada, pero podía distinguir la voz del abuelo. Ingresó al cuarto, y los niños estaban reunidos ahí, ante el abuelo Eustaquio, quien les relataba una de sus historias, las cuales siempre eran recibidas con entusiasmo por los infantes. Pero Anastasia, pensaba que estas historias les perturbaban el seso a los pequeños.
Abuelo, ¿Ya les estás llenando de cosas la mente a los niños?
¡Calla Anastasia!, que a ellos les encantan mis historias.
¡Sí! –respondieron todos al unísono, mirando enfadados a la tía Anastasia.
Los niños ya deberían estar durmiendo... ¡A acostarse!
¡No, Anastasia! Después de relatarles una de mis historias favoritas, recién entonces se irán a dormir. Están conmigo.
¡Ya!, ¡Abuelo comienza la historia! –exclamó uno de los niños.
No niños. No les vas a trastornar las mentes con tus historias de terror abuelo.
¡Anastasia vete! ¡No me des órdenes, soy tu abuelo!, ¡Te doblego en la edad y la experiencia, niña sin respeto! –respondió el abuelo golpeando la mesa. Los niños abrían bien los ojos.
¡Ay abuelo! –protestó Anastasia. Salió de la habitación, enfurecida, dando un fenomenal portazo que se sintió a lo largo de toda la hacienda.
Bueno niños, ahora si podremos compartir la historia tranquilamente. Ustedes ya son hombrecitos, y no se asustan fácil, ¿Verdad?
¡No! –exclamaron todos.
Esta historia se llama… “El matadero de personas”…
1969… Talagante. Santiago de Chile.
Todos los televisores en las casas estaban sintonizando la llegada del hombre a la luna. La noche era oscura y nublada. No se veían ni los astros ni las estrellas. A las afueras de Talagante, hace un mes aproximadamente, se había alzado un matadero. Pero los desagradables olores que surgían del edificio, pronto comenzaron a molestarle a la gente, quien inició protestas, hasta que el matadero fue cerrado. Y en los meses siguientes, comenzaron a aparecer extrañas historias, de desapariciones dentro del matadero abandonado. Grupos de jóvenes se internaban en el lugar, para quedarse hasta altas horas de la noche, o consumir drogas. Pero no se les volvía a ver más, por lo que la gente comenzó a creer que el lugar estaba maldito. Y ya nadie se atrevía a entrar.
Recuerdo que caminaba por sobre la maleza, en los terrenos donde se ubicaba el matadero, cuando pasamos por el frente, y mi grupo de amigos comenzaron a lanzarle piedras a las ventanas, tirándoles abajo los pocos pedazos de vidrio que les quedaban.
Uno de ellos con piedra en mano, preguntó:
¿Creen que de verdad el matadero está maldito?
Pues ha habido desapariciones. Y eso está comprobado. Si no está maldito, algo raro hay allí –respondió alguien. Una nueva piedra destrozó una de las últimas ventanas que quedaban.
Debe ser un lugar asqueroso… Imagínense, carne descompuesta por todos lugares.
Pero también es un buen lugar para pasar desapercibido. He oído historias que criminales se han escondido allí.
¿Pero y de qué sirve si no salen más del lugar?
Tienes razón.
De pronto, sentí una inmensa sed cuando vi a uno de los de mi grupo extraer una botella de ron de su chaqueta. La destapó, y no tardé en pedirle que me alcanzara la botella, pero cuando hizo esto, alguien lo detuvo. El cabecilla del grupo.
Si quieres de esto, deberás hacer algo primero. Debes entrar al matadero.
Vamos no bromees, tengo bastante sed. Mi garganta está seca –respondí.
¿Qué sucede? –Me miró burlón ¿Tienes miedo?
Le dirigí una mirada de odio.
Sabes muy bien, que no le temo a nada.
¿Y si es así por qué no quieres ir?
Le arrebaté la botella de un manotazo. Sediento y furioso, la bebí en cuestión de segundos. Arrojé lejos la botella vacía, y me dirigí decidido hasta el edificio, mientras les decía:
No se atrevan a venir por mí. No le temo al matadero…
Distinguí como murmuraban tras mío. El ron había estado añejo, tal como me gustaba.
El lugar despedía un olor infernal. Me tapé las narices con la muñeca, mientras observaba los alrededores. La forma en como mis camaradas lo habían descrito, no estaba tan lejos de la realidad. Había fétidos pedazos de carne descompuesta, en cantidad, esparcidos por las murallas. Las máquinas para desgarrar las carnes estaban sucias y manchadas en sangre, así como el suelo. Las sierras asesinas estaban detenidas, pero más afiladas que nunca. No había ni la más mínima luz, a excepción de la luz de la luna que entraba por la ventana. Recorrí el lugar a tientas varios minutos, hasta que en una esquina, distinguí unas velas depositadas en el suelo. Me incliné a recoger una, para iluminar mi camino, cuando distinguí unas cabezas de niños ensartadas en unos afilados palos. A pesar de mi eterna frialdad, no pude evitar sorprenderme. Para una persona normal, aquella imagen habría sido devastadora, le habría generado un trauma de por vida, sin duda. Iluminé los rostros de los niños con las velas. Estaban desfigurados, y la sangre de la herida en sus cuellos, donde el palo penetraba las carnes, estaba seca, como si hubieran sido mutilados hace un buen tiempo. Me alejé, escuchando gemidos y llantos de infantes. Supe de inmediato, que eran los espíritus de los niños que habían sido reducidos a cabezas decapitadas, los cuales sollozaban. Sin embargo, no temía. Recordaba un dicho que solía decir mi abuelo… “Témele más a los vivos que a los muertos” Muy cierto.
Llegué hasta un pasillo en la penumbra. Pero me abrí mi camino iluminando con la llama de la vela. Luego de avanzar varios metros, fueron apareciendo candelabros colgados a los muros, con varias velas sobre ellos. Tras mío, había oscuridad total. Estaba bien internado en el matadero, y si alguien aparecía tras mi espalda, no tenía por donde correr, debido a lo estrecho del pasillo. Pero a medida que continué avanzando, divisé una puerta a mi izquierda, color carmesí. La puerta me llevó a una habitación de aspecto ceremonial. Había un gran candelabro colgando del techo, cortinas sobre las murallas, y distintos cuadros abstractos de aspecto perturbador. No tardé en percatarme, de que había alguien más allí. En el centro de la habitación, había dos pequeños en estado lamentable, desprovistos de vestimenta, tenían la cabeza calva, y estaban en seria desnutrición, al punto de que se le lograban ver las costillas. Eran pequeños, como de la edad de cinco años, y tenían las manos ensangrentadas, al igual que sus bocas, pues comían un pedazo de carne cruda y ensangrentada del piso. Me acerqué disimuladamente. No se lograban percatar mi presencia, pues estaban ocupados con el trozo de carne. En el muro frente mío, había una especie de ranura. Desde allí, observé a un tipo de cuerpo grueso y bestial, vestido como carnicero, que les arrojaba más pedazos de carne a los pequeños, como si estuviese alimentando a sus mascotas. Los hambrientos pequeños se lanzaban desesperados al trozo de carne, y sus labios se tenían de rojo. Pero quien les arrojaba las carnes, pronto se percató de mi presencia. Su rostro estaba cubierto por una tela negra, y me apuntó con su mano cubierta por un guante manchado en sangre, en forma de amenaza, luego desapareció de la ranura. Me acerqué a uno de los pequeños, y le acaricié la cabeza. Aún así no se percataban de yo estaba ahí, entonces salí de la habitación.
Continué avanzando por el estrecho pasillo, iluminado por los candelabros. El tipo gigante con ropas de carnicero ya había advertido mi presencia, y me imaginé que quizás podría haber más personas en el matadero, pero todo me resultaba muy raro. ¿Qué hacía esa gente allí? Si es que se le podía llamar así. Aquellos dos pequeños que había visto en la habitación anterior, parecían animales maltratados, además de que en su piel se podían distinguir severas heridas, como producidas por algún látigo y torturas. Al final del pasillo, llegué hasta un espacioso cuarto del matadero. El lugar parecía inmenso. Me dirigí a una ventana, y por allí observé los campos, donde se reunía a las reses, que serían ejecutadas. Pero como el lugar había sido cerrado hace meses, esos campos ahora yacían solitarios, bajo la noche. En el cuarto que me encontraba ahora, aparecieron dos gigantes deformes, tras mío. Uno de ellos sostenía un inmenso garrote con clavos, y el otro, un machete, ambos ensangrentados.
Diversas manchas de sangre también manchaban sus uniformes blancos de carniceros. Sus caras estaban desfiguradas, y su piel era similar a la piel de los muertos. Caminaron hacía mí con sus inmensos cuerpos, y sus ojos no tenían siquiera pupila, pero sus rostros llevaban una expresión de infinita furia. Divisé una puerta, e ingresé por ella rápidamente, mientras escuchaba sus feroces rugidos. No tardaron en aparecer tras de mí nuevamente, y comencé a correr por mi vida, por diversos pasillos y habitaciones iluminadas por los candelabros y velas, que parecían estar distribuidos a lo largo de todo el matadero.
Vi infinidad de niños más, algunos asegurados con gruesas cadenas, alimentándose de trozos de carne podrida, amarillenta. Luego, me encontré sin salida en una habitación. Los dos gigantes volvieron a aparecer. Había unas tablas cubriendo la muralla, la cual parecía desgastada. De una patada, derribé las tablas junto con la muralla, y surgió un nuevo camino ante mí, y aparecí en una inmensa habitación, con una larga mesa ubicada al centro. Y en los asientos, yacían varias siluetas cubiertas por capuchas rojas, y cuernos que emergían de sus cabezas. Sus rostros eran cráneos de cabras, y sus ojos eran rojos, como la sangre. Llegó hasta mi mente, la imagen de Satanás, el macho cabrío. Apenas estuve frente a ellos, todos me contemplaron. Uno de ellos, que parecía el líder, pues llevaba una capucha y cuernos que destacaban más que los demás, se levantó violentamente, me señaló y exclamó furioso palabras en una lengua desconocida. Ante su orden, todos se abalanzaron contra mí. Y a mis espaldas, aparecieron otra vez ambos gigantes. Me vi perdido.
Me sujetaron, y a la fuerza me condujeron fuera de la habitación. Me condujeron por más pasillos desconocidos, y comenzaba a sentir terror, por primera vez, demostrándome a mí mismo mi naturaleza humana. Por los pasillos que me conducían, sobre las murallas de estos mismos, había cuerpos adultos sacrificados, desprovistos de su piel, y desfigurados horriblemente. Algunos incluso desmembrados. Sentí pánico cuando oí una sierra emitir su estruendo, y también varios gritos infantiles de dolor. Pensé que había llegado mi hora. Que me habrían de ejecutar, de la peor forma que hubiera podido imaginar. Sin embargo, divisé una ventana que se venía acercando. Cuando pasé por el lado de la ventana, retenido por mis verdugos, sin pensarlo demasiado, rompí los vidrios con mi cabeza, y me lancé fuera, desprendiéndome de los brazos que me sujetaban fuertemente. Vi como el suelo se acercaba a mi rostro, y sentí un tremendo golpe. Después sangre por todos lados, y perdí el conocimiento.
Pero por instinto quizás, desperté justo cuando los dos gigantes venían a buscarme. Me había roto la mandíbula, y me sangraba horriblemente, pero ya me encontraba fuera del matadero, en los campos. Corrí a todo lo que daban mis piernas, y uno de los gigantes extrajo una escopeta, y me disparó en la pierna. Caí, pero aún así luché por mi vida. Corrí, y corrí, más rápido que nunca, desafiando mi propio cuerpo. Cuando ya no pude más, me detuve, y apenas podía respirar. Miré hacia atrás, y me percaté de que ya nadie me seguía. Pero no descansé ni cinco segundos, y continué avanzando, pues debía resguardar mi vida. Después de mucho escapar, me encontré en el lugar donde había empezado, donde estaban mis amigos. Ya nadie estaba allí, las botellas de alcohol estaban tiradas en el suelo. A lo lejos escuché más escopetazos.
El gigante de la escopeta, caminaba amenazante, y apretaba firmemente en su mano, unos cordeles de los cuales colgaban cabezas, que reconocí espantado. Eran las cabezas de mis camaradas, y llevaban aún la expresión de agonía. El gigante dio unos cuantos más escopetazos al aire, y me apuntó. Pero corrí con todas las fuerzas que me quedaban, y lo perdí, hasta llegar a la seguridad del pueblo, cuando ya daba el alba, para no volver nunca más a aquellos lugares…
¡Fin!
¡Abuelo Eustaquio, la historia ha estado genial! –exclamó uno de los pequeños deslumbrado.
Pero ahora tengo miedo de dormir… exclamó otro.
El abuelo Eustaquio le acarició la cabeza tranquilizándolo.
He dicho. Ustedes ya son hombrecitos, y los hombres no le temen a nada le dijo.
Y abuelo… ¿Qué sucedió con el matadero?
El abuelo Eustaquio contestó:
Se dice, que aún se encuentra por aquellos lugares… Pero ya nadie, sin excepción, se atreve a entrar… Pues, el matadero es el lugar que representa la muerte y el sufrimiento. Caminar hacia el matadero, es adentrarte en tu más grande pesadilla. En tus más grandes terrores. Es el lugar donde las carnes y las almas son desgarradas brutalmente. El lugar donde todo termina, y la compasión no existe. El matadero, es el hogar de la bestia. Es donde se le otorga la sangre de los cuerpos sacrificados. Allí es donde verdaderamente, el diablo habita. Es el lugar de Satanás.
Anastasia escuchaba tras la puerta. Luego, se retiraba a acostar dando furiosos pasos. La noche estaba silenciosa. Se acostó, y se arropó bien, para protegerse de los espíritus invisibles que rondaban en la oscuridad. Pues, aunque no aprobaba las historias del abuelo Eustaquio, sabía muy bien que el matadero, se encontraba no muy lejos de la hacienda. Y de sólo pensar en aquello, se estremecía entera, sentía miedo, y la invadía un gran escalofrío…
La noche estaba inquieta. Los relámpagos atronadores, centelleaban en el cielo. En lo más profundo del campo oscuro, cubierto por frondosos árboles, dividido por caminos de tierra, se encontraba una vasta y antiquísima hacienda. Y como se decía que en el campo no había luz eléctrica, la penumbra de la hacienda era atenuada por las escazas velas distribuidas por las infinidades de habitaciones. Anastasia, una de las jóvenes hijas de los patrones, recorría los pasillos, dirigiéndose hasta su cuarto para conciliar el sueño, a eso de las doce de la noche. Pasó frente a la habitación del abuelo Eustaquio. La puerta estaba cerrada, pero podía distinguir la voz del abuelo. Ingresó al cuarto, y los niños estaban reunidos ahí, ante el abuelo Eustaquio, quien les relataba una de sus historias, las cuales siempre eran recibidas con entusiasmo por los infantes. Pero Anastasia, pensaba que estas historias les perturbaban el seso a los pequeños.
Abuelo, ¿Ya les estás llenando de cosas la mente a los niños?
¡Calla Anastasia!, que a ellos les encantan mis historias.
¡Sí! –respondieron todos al unísono, mirando enfadados a la tía Anastasia.
Los niños ya deberían estar durmiendo... ¡A acostarse!
¡No, Anastasia! Después de relatarles una de mis historias favoritas, recién entonces se irán a dormir. Están conmigo.
¡Ya!, ¡Abuelo comienza la historia! –exclamó uno de los niños.
No niños. No les vas a trastornar las mentes con tus historias de terror abuelo.
¡Anastasia vete! ¡No me des órdenes, soy tu abuelo!, ¡Te doblego en la edad y la experiencia, niña sin respeto! –respondió el abuelo golpeando la mesa. Los niños abrían bien los ojos.
¡Ay abuelo! –protestó Anastasia. Salió de la habitación, enfurecida, dando un fenomenal portazo que se sintió a lo largo de toda la hacienda.
Bueno niños, ahora si podremos compartir la historia tranquilamente. Ustedes ya son hombrecitos, y no se asustan fácil, ¿Verdad?
¡No! –exclamaron todos.
Esta historia se llama… “El matadero de personas”…
1969… Talagante. Santiago de Chile.
Todos los televisores en las casas estaban sintonizando la llegada del hombre a la luna. La noche era oscura y nublada. No se veían ni los astros ni las estrellas. A las afueras de Talagante, hace un mes aproximadamente, se había alzado un matadero. Pero los desagradables olores que surgían del edificio, pronto comenzaron a molestarle a la gente, quien inició protestas, hasta que el matadero fue cerrado. Y en los meses siguientes, comenzaron a aparecer extrañas historias, de desapariciones dentro del matadero abandonado. Grupos de jóvenes se internaban en el lugar, para quedarse hasta altas horas de la noche, o consumir drogas. Pero no se les volvía a ver más, por lo que la gente comenzó a creer que el lugar estaba maldito. Y ya nadie se atrevía a entrar.
Recuerdo que caminaba por sobre la maleza, en los terrenos donde se ubicaba el matadero, cuando pasamos por el frente, y mi grupo de amigos comenzaron a lanzarle piedras a las ventanas, tirándoles abajo los pocos pedazos de vidrio que les quedaban.
Uno de ellos con piedra en mano, preguntó:
¿Creen que de verdad el matadero está maldito?
Pues ha habido desapariciones. Y eso está comprobado. Si no está maldito, algo raro hay allí –respondió alguien. Una nueva piedra destrozó una de las últimas ventanas que quedaban.
Debe ser un lugar asqueroso… Imagínense, carne descompuesta por todos lugares.
Pero también es un buen lugar para pasar desapercibido. He oído historias que criminales se han escondido allí.
¿Pero y de qué sirve si no salen más del lugar?
Tienes razón.
De pronto, sentí una inmensa sed cuando vi a uno de los de mi grupo extraer una botella de ron de su chaqueta. La destapó, y no tardé en pedirle que me alcanzara la botella, pero cuando hizo esto, alguien lo detuvo. El cabecilla del grupo.
Si quieres de esto, deberás hacer algo primero. Debes entrar al matadero.
Vamos no bromees, tengo bastante sed. Mi garganta está seca –respondí.
¿Qué sucede? –Me miró burlón ¿Tienes miedo?
Le dirigí una mirada de odio.
Sabes muy bien, que no le temo a nada.
¿Y si es así por qué no quieres ir?
Le arrebaté la botella de un manotazo. Sediento y furioso, la bebí en cuestión de segundos. Arrojé lejos la botella vacía, y me dirigí decidido hasta el edificio, mientras les decía:
No se atrevan a venir por mí. No le temo al matadero…
Distinguí como murmuraban tras mío. El ron había estado añejo, tal como me gustaba.
El lugar despedía un olor infernal. Me tapé las narices con la muñeca, mientras observaba los alrededores. La forma en como mis camaradas lo habían descrito, no estaba tan lejos de la realidad. Había fétidos pedazos de carne descompuesta, en cantidad, esparcidos por las murallas. Las máquinas para desgarrar las carnes estaban sucias y manchadas en sangre, así como el suelo. Las sierras asesinas estaban detenidas, pero más afiladas que nunca. No había ni la más mínima luz, a excepción de la luz de la luna que entraba por la ventana. Recorrí el lugar a tientas varios minutos, hasta que en una esquina, distinguí unas velas depositadas en el suelo. Me incliné a recoger una, para iluminar mi camino, cuando distinguí unas cabezas de niños ensartadas en unos afilados palos. A pesar de mi eterna frialdad, no pude evitar sorprenderme. Para una persona normal, aquella imagen habría sido devastadora, le habría generado un trauma de por vida, sin duda. Iluminé los rostros de los niños con las velas. Estaban desfigurados, y la sangre de la herida en sus cuellos, donde el palo penetraba las carnes, estaba seca, como si hubieran sido mutilados hace un buen tiempo. Me alejé, escuchando gemidos y llantos de infantes. Supe de inmediato, que eran los espíritus de los niños que habían sido reducidos a cabezas decapitadas, los cuales sollozaban. Sin embargo, no temía. Recordaba un dicho que solía decir mi abuelo… “Témele más a los vivos que a los muertos” Muy cierto.
Llegué hasta un pasillo en la penumbra. Pero me abrí mi camino iluminando con la llama de la vela. Luego de avanzar varios metros, fueron apareciendo candelabros colgados a los muros, con varias velas sobre ellos. Tras mío, había oscuridad total. Estaba bien internado en el matadero, y si alguien aparecía tras mi espalda, no tenía por donde correr, debido a lo estrecho del pasillo. Pero a medida que continué avanzando, divisé una puerta a mi izquierda, color carmesí. La puerta me llevó a una habitación de aspecto ceremonial. Había un gran candelabro colgando del techo, cortinas sobre las murallas, y distintos cuadros abstractos de aspecto perturbador. No tardé en percatarme, de que había alguien más allí. En el centro de la habitación, había dos pequeños en estado lamentable, desprovistos de vestimenta, tenían la cabeza calva, y estaban en seria desnutrición, al punto de que se le lograban ver las costillas. Eran pequeños, como de la edad de cinco años, y tenían las manos ensangrentadas, al igual que sus bocas, pues comían un pedazo de carne cruda y ensangrentada del piso. Me acerqué disimuladamente. No se lograban percatar mi presencia, pues estaban ocupados con el trozo de carne. En el muro frente mío, había una especie de ranura. Desde allí, observé a un tipo de cuerpo grueso y bestial, vestido como carnicero, que les arrojaba más pedazos de carne a los pequeños, como si estuviese alimentando a sus mascotas. Los hambrientos pequeños se lanzaban desesperados al trozo de carne, y sus labios se tenían de rojo. Pero quien les arrojaba las carnes, pronto se percató de mi presencia. Su rostro estaba cubierto por una tela negra, y me apuntó con su mano cubierta por un guante manchado en sangre, en forma de amenaza, luego desapareció de la ranura. Me acerqué a uno de los pequeños, y le acaricié la cabeza. Aún así no se percataban de yo estaba ahí, entonces salí de la habitación.
Continué avanzando por el estrecho pasillo, iluminado por los candelabros. El tipo gigante con ropas de carnicero ya había advertido mi presencia, y me imaginé que quizás podría haber más personas en el matadero, pero todo me resultaba muy raro. ¿Qué hacía esa gente allí? Si es que se le podía llamar así. Aquellos dos pequeños que había visto en la habitación anterior, parecían animales maltratados, además de que en su piel se podían distinguir severas heridas, como producidas por algún látigo y torturas. Al final del pasillo, llegué hasta un espacioso cuarto del matadero. El lugar parecía inmenso. Me dirigí a una ventana, y por allí observé los campos, donde se reunía a las reses, que serían ejecutadas. Pero como el lugar había sido cerrado hace meses, esos campos ahora yacían solitarios, bajo la noche. En el cuarto que me encontraba ahora, aparecieron dos gigantes deformes, tras mío. Uno de ellos sostenía un inmenso garrote con clavos, y el otro, un machete, ambos ensangrentados.
Diversas manchas de sangre también manchaban sus uniformes blancos de carniceros. Sus caras estaban desfiguradas, y su piel era similar a la piel de los muertos. Caminaron hacía mí con sus inmensos cuerpos, y sus ojos no tenían siquiera pupila, pero sus rostros llevaban una expresión de infinita furia. Divisé una puerta, e ingresé por ella rápidamente, mientras escuchaba sus feroces rugidos. No tardaron en aparecer tras de mí nuevamente, y comencé a correr por mi vida, por diversos pasillos y habitaciones iluminadas por los candelabros y velas, que parecían estar distribuidos a lo largo de todo el matadero.
Vi infinidad de niños más, algunos asegurados con gruesas cadenas, alimentándose de trozos de carne podrida, amarillenta. Luego, me encontré sin salida en una habitación. Los dos gigantes volvieron a aparecer. Había unas tablas cubriendo la muralla, la cual parecía desgastada. De una patada, derribé las tablas junto con la muralla, y surgió un nuevo camino ante mí, y aparecí en una inmensa habitación, con una larga mesa ubicada al centro. Y en los asientos, yacían varias siluetas cubiertas por capuchas rojas, y cuernos que emergían de sus cabezas. Sus rostros eran cráneos de cabras, y sus ojos eran rojos, como la sangre. Llegó hasta mi mente, la imagen de Satanás, el macho cabrío. Apenas estuve frente a ellos, todos me contemplaron. Uno de ellos, que parecía el líder, pues llevaba una capucha y cuernos que destacaban más que los demás, se levantó violentamente, me señaló y exclamó furioso palabras en una lengua desconocida. Ante su orden, todos se abalanzaron contra mí. Y a mis espaldas, aparecieron otra vez ambos gigantes. Me vi perdido.
Me sujetaron, y a la fuerza me condujeron fuera de la habitación. Me condujeron por más pasillos desconocidos, y comenzaba a sentir terror, por primera vez, demostrándome a mí mismo mi naturaleza humana. Por los pasillos que me conducían, sobre las murallas de estos mismos, había cuerpos adultos sacrificados, desprovistos de su piel, y desfigurados horriblemente. Algunos incluso desmembrados. Sentí pánico cuando oí una sierra emitir su estruendo, y también varios gritos infantiles de dolor. Pensé que había llegado mi hora. Que me habrían de ejecutar, de la peor forma que hubiera podido imaginar. Sin embargo, divisé una ventana que se venía acercando. Cuando pasé por el lado de la ventana, retenido por mis verdugos, sin pensarlo demasiado, rompí los vidrios con mi cabeza, y me lancé fuera, desprendiéndome de los brazos que me sujetaban fuertemente. Vi como el suelo se acercaba a mi rostro, y sentí un tremendo golpe. Después sangre por todos lados, y perdí el conocimiento.
Pero por instinto quizás, desperté justo cuando los dos gigantes venían a buscarme. Me había roto la mandíbula, y me sangraba horriblemente, pero ya me encontraba fuera del matadero, en los campos. Corrí a todo lo que daban mis piernas, y uno de los gigantes extrajo una escopeta, y me disparó en la pierna. Caí, pero aún así luché por mi vida. Corrí, y corrí, más rápido que nunca, desafiando mi propio cuerpo. Cuando ya no pude más, me detuve, y apenas podía respirar. Miré hacia atrás, y me percaté de que ya nadie me seguía. Pero no descansé ni cinco segundos, y continué avanzando, pues debía resguardar mi vida. Después de mucho escapar, me encontré en el lugar donde había empezado, donde estaban mis amigos. Ya nadie estaba allí, las botellas de alcohol estaban tiradas en el suelo. A lo lejos escuché más escopetazos.
El gigante de la escopeta, caminaba amenazante, y apretaba firmemente en su mano, unos cordeles de los cuales colgaban cabezas, que reconocí espantado. Eran las cabezas de mis camaradas, y llevaban aún la expresión de agonía. El gigante dio unos cuantos más escopetazos al aire, y me apuntó. Pero corrí con todas las fuerzas que me quedaban, y lo perdí, hasta llegar a la seguridad del pueblo, cuando ya daba el alba, para no volver nunca más a aquellos lugares…
¡Fin!
¡Abuelo Eustaquio, la historia ha estado genial! –exclamó uno de los pequeños deslumbrado.
Pero ahora tengo miedo de dormir… exclamó otro.
El abuelo Eustaquio le acarició la cabeza tranquilizándolo.
He dicho. Ustedes ya son hombrecitos, y los hombres no le temen a nada le dijo.
Y abuelo… ¿Qué sucedió con el matadero?
El abuelo Eustaquio contestó:
Se dice, que aún se encuentra por aquellos lugares… Pero ya nadie, sin excepción, se atreve a entrar… Pues, el matadero es el lugar que representa la muerte y el sufrimiento. Caminar hacia el matadero, es adentrarte en tu más grande pesadilla. En tus más grandes terrores. Es el lugar donde las carnes y las almas son desgarradas brutalmente. El lugar donde todo termina, y la compasión no existe. El matadero, es el hogar de la bestia. Es donde se le otorga la sangre de los cuerpos sacrificados. Allí es donde verdaderamente, el diablo habita. Es el lugar de Satanás.
Anastasia escuchaba tras la puerta. Luego, se retiraba a acostar dando furiosos pasos. La noche estaba silenciosa. Se acostó, y se arropó bien, para protegerse de los espíritus invisibles que rondaban en la oscuridad. Pues, aunque no aprobaba las historias del abuelo Eustaquio, sabía muy bien que el matadero, se encontraba no muy lejos de la hacienda. Y de sólo pensar en aquello, se estremecía entera, sentía miedo, y la invadía un gran escalofrío…
Miedo entre la verdad
Vivía con mi familia Carlos (mi hermano), mi madre y mi padre. Estábamos muy felices, todos unidos y alegres. Hasta que un día normal como otro, mientras estaba en mi trabajo, sonó mi teléfono. Lo ignoré, dado a que era un número extraño. Al cabo de un rato, lo cogí. Era un policía. Me dijo que me fuese inmediatamente al hospital.
Me dirigí rápidamente, dejé el coche mal aparcado, no me importaba que me pusiesen una multa, pero lo que yo quería saber era quién estaba en el hospital esperando mi llegada. Me acerqué apresuradamente y le pregunté a la recepcionista donde se encontraba Lucian Whisper (el policía que unos minutos antes me había llamado. En cuanto me vio, me reconoció, aunque extraño las circunstancias, dado a que a ese señor nunca lo había visto. Hizo que subiéramos hasta la última planta donde se encontraban las personas más enfermas del hospital.
Continuamos hasta que miré hacia una habitación y pude reconocer perfectamente el rostro mi hermano Carlos. Sin dudarlo me dirigí apresuradamente allí donde se encontraba conectado a muchas máquinas, y también a ambos lados de él se encontraban mi padre y mi madre. En aquel momento, la cabeza me empezó a dar vueltas y no supe nada más.
Me encontraba en la habitación del tío Harry, él estaba allí, pero me resultó raro verlo allí cuando había muerto hacía dos años. Lo vi en la cama, me dirigí hacia él, me agarró la mano y me dijo con los ojos bien abiertos:
Ten cuidado, algo sucede en...
Y con mi mano agarrada se quedó sin habla y murió.
Pegué un gran salto y supe que no estaba en casa, sino en algún lugar donde nunca había estado.Sabía que había sido una gran pesadilla, miré al frente y me encontré con Lucian.
Cómo te encuentras, Paris.
Soy Lucian, me recuerdas, la persona con la que estuviste en el hospital y después te desmayaste. Veo que no lo recuerdas, es normal, no te preocupes, hace una semana de eso.
¿Una semana? Cómo que la semana pasada si ayer...
Has estado muy grave durante una semana. Los médicos no sabían qué te pasaba y ahora te levantas así como si nada. Qué extraño.
¿Dónde está mi familia?
Ese era el asunto por el que te llamé hace unos días. Tu familia ha muerto.
Pero eso no puede ser, si me estaban esperando en la casa del tío Harry mientras yo le hacía una visita.
Me temo que no Paris. Los siento mucho, hoy por la tarde es el entierro. ¿Te encuentras bien como para venir?
Déjame sola, por favor.
Esperé a que Lucian saliera para poder recapacitar de todo lo que me había pasado en tan poco tiempo. Pero de nuevo se volvió a abrir la puerta de la habitación. Apareció mi hermano. Alucinada me volví hacia él.
Carlos, dónde estabas.
No obtuve respuesta, tan solo Carlos se volvió hacia la puerta y se fue.
Me sorprendí mucho y salí corriendo para seguirle, pero cuando llegué al pasillo solo me encontré a Lucian sentado en un banco. Muy asustada me fui hacia el policía para decirle que acababa de ver a mi hermano pero me desplomé en el suelo.
Veía la silueta de mi hermano detrás del biombo que teníamos para separar una habitación. M e acerqué y lo vi sentado en su dormitorio tranquilo como solía estar en los días de vacaciones. Entonces él me miró y me dijo:
No digas nada sobre lo que ocurrió ayer o del contrario, te pasará algo muy malo.
Creo que alguien estaba empujándome para despertarme y supe nada más abrir los ojos que se trataba de un médico y a su lado se encontraba Lucian con una cara de sorpresa.
¿Vas a ir al funeral, es esta tarde o te encuentras mal para ir? Ya casi es la hora.
Cómo. Pero si hace menos de media hora que me dijiste que era esta tarde.
Eso es exacto, pero han pasado ocho horas desde que te desplomaste y te diste con el banco, te hiciste una brecha en la cabeza y perdiste el conocimiento.
Creía que no era verdad, pero lo que sí que era cierto, era que tenía pequeños abultamientos en la cabeza, los puntos.
Un tanto mal, me puse de pie y con Lucian delante mía, nos fuimos al cementerio. Al entrar me encontré con tres ataúdes. Iban a empezar a enterrarlos y muy sobresaltada sobre si mi hermano estaba allí los detuve.
Un momento, no pueden enterrar a Carlos, está vivo.
Qué dice, señorita, su hermano está ahí dentro dijo señalando el ataúd, el sepulturero.
No es cierto, el vino a visitarme cuando yo estaba en el hospital.
Perdone señorita pero vamos a dar comienzo al entierro dijo un sacerdote.
Después de una larga hora y media de sufrimiento, me dirigí sola y sin nadie hacia mi casa. No tenía familia, amigos o alguna persona que me acompañase en tan trágico suceso.
Llegué a mi casa y por un instante pude identificar una sombra móvil que se vino hacia mí. Sin darme cuenta la sombra entró dentro de mí y no vi nada más, solo escuché una lejana voz.
Te lo avisé, avisé, avisé.
Me dirigí rápidamente, dejé el coche mal aparcado, no me importaba que me pusiesen una multa, pero lo que yo quería saber era quién estaba en el hospital esperando mi llegada. Me acerqué apresuradamente y le pregunté a la recepcionista donde se encontraba Lucian Whisper (el policía que unos minutos antes me había llamado. En cuanto me vio, me reconoció, aunque extraño las circunstancias, dado a que a ese señor nunca lo había visto. Hizo que subiéramos hasta la última planta donde se encontraban las personas más enfermas del hospital.
Continuamos hasta que miré hacia una habitación y pude reconocer perfectamente el rostro mi hermano Carlos. Sin dudarlo me dirigí apresuradamente allí donde se encontraba conectado a muchas máquinas, y también a ambos lados de él se encontraban mi padre y mi madre. En aquel momento, la cabeza me empezó a dar vueltas y no supe nada más.
Me encontraba en la habitación del tío Harry, él estaba allí, pero me resultó raro verlo allí cuando había muerto hacía dos años. Lo vi en la cama, me dirigí hacia él, me agarró la mano y me dijo con los ojos bien abiertos:
Ten cuidado, algo sucede en...
Y con mi mano agarrada se quedó sin habla y murió.
Pegué un gran salto y supe que no estaba en casa, sino en algún lugar donde nunca había estado.Sabía que había sido una gran pesadilla, miré al frente y me encontré con Lucian.
Cómo te encuentras, Paris.
Soy Lucian, me recuerdas, la persona con la que estuviste en el hospital y después te desmayaste. Veo que no lo recuerdas, es normal, no te preocupes, hace una semana de eso.
¿Una semana? Cómo que la semana pasada si ayer...
Has estado muy grave durante una semana. Los médicos no sabían qué te pasaba y ahora te levantas así como si nada. Qué extraño.
¿Dónde está mi familia?
Ese era el asunto por el que te llamé hace unos días. Tu familia ha muerto.
Pero eso no puede ser, si me estaban esperando en la casa del tío Harry mientras yo le hacía una visita.
Me temo que no Paris. Los siento mucho, hoy por la tarde es el entierro. ¿Te encuentras bien como para venir?
Déjame sola, por favor.
Esperé a que Lucian saliera para poder recapacitar de todo lo que me había pasado en tan poco tiempo. Pero de nuevo se volvió a abrir la puerta de la habitación. Apareció mi hermano. Alucinada me volví hacia él.
Carlos, dónde estabas.
No obtuve respuesta, tan solo Carlos se volvió hacia la puerta y se fue.
Me sorprendí mucho y salí corriendo para seguirle, pero cuando llegué al pasillo solo me encontré a Lucian sentado en un banco. Muy asustada me fui hacia el policía para decirle que acababa de ver a mi hermano pero me desplomé en el suelo.
Veía la silueta de mi hermano detrás del biombo que teníamos para separar una habitación. M e acerqué y lo vi sentado en su dormitorio tranquilo como solía estar en los días de vacaciones. Entonces él me miró y me dijo:
No digas nada sobre lo que ocurrió ayer o del contrario, te pasará algo muy malo.
Creo que alguien estaba empujándome para despertarme y supe nada más abrir los ojos que se trataba de un médico y a su lado se encontraba Lucian con una cara de sorpresa.
¿Vas a ir al funeral, es esta tarde o te encuentras mal para ir? Ya casi es la hora.
Cómo. Pero si hace menos de media hora que me dijiste que era esta tarde.
Eso es exacto, pero han pasado ocho horas desde que te desplomaste y te diste con el banco, te hiciste una brecha en la cabeza y perdiste el conocimiento.
Creía que no era verdad, pero lo que sí que era cierto, era que tenía pequeños abultamientos en la cabeza, los puntos.
Un tanto mal, me puse de pie y con Lucian delante mía, nos fuimos al cementerio. Al entrar me encontré con tres ataúdes. Iban a empezar a enterrarlos y muy sobresaltada sobre si mi hermano estaba allí los detuve.
Un momento, no pueden enterrar a Carlos, está vivo.
Qué dice, señorita, su hermano está ahí dentro dijo señalando el ataúd, el sepulturero.
No es cierto, el vino a visitarme cuando yo estaba en el hospital.
Perdone señorita pero vamos a dar comienzo al entierro dijo un sacerdote.
Después de una larga hora y media de sufrimiento, me dirigí sola y sin nadie hacia mi casa. No tenía familia, amigos o alguna persona que me acompañase en tan trágico suceso.
Llegué a mi casa y por un instante pude identificar una sombra móvil que se vino hacia mí. Sin darme cuenta la sombra entró dentro de mí y no vi nada más, solo escuché una lejana voz.
Te lo avisé, avisé, avisé.
sábado, 30 de julio de 2011
Estan con Nosotros
Toda mi vida he visto cosas muy extrañas, incluso he escuchado advertencias y gracias a ello me he evitado accidentes..., yo no sé si me van a creer pero lo que le voy a contar es totalmente cierto y para quien quiera escribirme dejo mi mail, contactame4@hotmail.com .
Hace dos años que las cosas se han intensificado, no sé por qué será, lo único que les puedo asegurar, es que verdad, en el 2002 estuve embarazada y siempre que me encontraba sola sentía que alguien me acompañaba a todas partes, a menudo me sentía protegida y otras veces muy pero muy asustada. En el quinto mes de embarazo estuve 15 días con fiebre de 42 grados, por lo que me ingresaron en el hospital y una noche rogué no perder a mi bebé, ya que con esa fiebre tan alta corrían peligro ambas vidas. Esa misma noche desperté y la luz del baño de la habitación estaba prendida y de ella apareció una figura, no sé si era de hombre o mujer, que se deslizó hacia mi cama, me asusté muchísimo, la figura elevó sus manos y me dijo algo que hasta el día de hoy ignoro, y lentamente esa sombra se deslizó hacia atrás y desapareció con la luz del baño. Desde ese momento me bajó completamente la fiebre y a los 4 días ya estaba con mi familia en mi casa, después de aquello siempre siento la compañía de alguien. Tres meses después de esto, una noche me fui a acostar, y en el momento que apagué las luces sentía que alguien se dirigía hacia mi habitación y entraba por la puerta y se abalanzaba sobre mi, comencé a gritar y a llamar a mi madre que dormía al lado de mi habitación. Desde entonces duermo con la luz del pasillo encendida. Estos sucesos continuaron con el nacimiento de mi hija, mi bebé no dormía de noche, lloraba y no sabíamos qué pasaba, me asustaba mucho porque ella seguía con sus ojitos algo que recorría por la habitación y yo al igual que mi mamá nos asustaba esa reacción, una noche que me preparaba para dormir, de repente, alguien o algo me tocaba la puerta de la habitación, yo les preguntaba a mis padres si ellos habían golpeado mi puerta y me decían que no.
Un año después de estos sucesos, una noche como a las 20:30 me dirigí hacia el apartamento de mi hermana que vive detrás de mi casa, y al entrar, me dirigí hacia la cocina y comencé a escuchar ruido en la habitación y pregunté si había alguien, nadie respondió y de repente se abrió la puerta del placard de mi hermana y las perchas comenzaron a chocarse entre sí, empecé a gritar para que me mi madre viniera y cuando vino fuimos las dos a ver que había en la habitación y estaba completamente vacía, una semana después, mi hermana estaba frente al espejo, peinándose y detrás de ella pasó caminando un hombre alto de pelo oscuro con una bufanda roja, le dio un susto de muerte, y temerosa fue a ver quien había entrado en la casa y recorrió todas las habitaciones pero no había nadie, al rato de esto sonó el teléfono y nos daban la noticia de que había fallecido un amigo de la familia.
Estos sucesos no solo me pasan a mi sino a toda la familia, una tarde salimos a caminar y mi hermana prefirió quedarse en casa con su hija (mi sobrina), de pronto escuchó que llamaban (a mi sobrina que se llama Jazmín) Jazmín, Jazmín y mi hermana también escuchó que la llamaban, mi sobrina salió corriendo para el living y cuando llegó no había nadie, regresó al patio donde estaba mi hermana y le dijo que no había nadie, así que fueron las dos a fijarse, estaba vacía la casa pero lo más extraño fue que aseguró que la voz que escuchó era de nuestra madre.
Hace dos años que las cosas se han intensificado, no sé por qué será, lo único que les puedo asegurar, es que verdad, en el 2002 estuve embarazada y siempre que me encontraba sola sentía que alguien me acompañaba a todas partes, a menudo me sentía protegida y otras veces muy pero muy asustada. En el quinto mes de embarazo estuve 15 días con fiebre de 42 grados, por lo que me ingresaron en el hospital y una noche rogué no perder a mi bebé, ya que con esa fiebre tan alta corrían peligro ambas vidas. Esa misma noche desperté y la luz del baño de la habitación estaba prendida y de ella apareció una figura, no sé si era de hombre o mujer, que se deslizó hacia mi cama, me asusté muchísimo, la figura elevó sus manos y me dijo algo que hasta el día de hoy ignoro, y lentamente esa sombra se deslizó hacia atrás y desapareció con la luz del baño. Desde ese momento me bajó completamente la fiebre y a los 4 días ya estaba con mi familia en mi casa, después de aquello siempre siento la compañía de alguien. Tres meses después de esto, una noche me fui a acostar, y en el momento que apagué las luces sentía que alguien se dirigía hacia mi habitación y entraba por la puerta y se abalanzaba sobre mi, comencé a gritar y a llamar a mi madre que dormía al lado de mi habitación. Desde entonces duermo con la luz del pasillo encendida. Estos sucesos continuaron con el nacimiento de mi hija, mi bebé no dormía de noche, lloraba y no sabíamos qué pasaba, me asustaba mucho porque ella seguía con sus ojitos algo que recorría por la habitación y yo al igual que mi mamá nos asustaba esa reacción, una noche que me preparaba para dormir, de repente, alguien o algo me tocaba la puerta de la habitación, yo les preguntaba a mis padres si ellos habían golpeado mi puerta y me decían que no.
Un año después de estos sucesos, una noche como a las 20:30 me dirigí hacia el apartamento de mi hermana que vive detrás de mi casa, y al entrar, me dirigí hacia la cocina y comencé a escuchar ruido en la habitación y pregunté si había alguien, nadie respondió y de repente se abrió la puerta del placard de mi hermana y las perchas comenzaron a chocarse entre sí, empecé a gritar para que me mi madre viniera y cuando vino fuimos las dos a ver que había en la habitación y estaba completamente vacía, una semana después, mi hermana estaba frente al espejo, peinándose y detrás de ella pasó caminando un hombre alto de pelo oscuro con una bufanda roja, le dio un susto de muerte, y temerosa fue a ver quien había entrado en la casa y recorrió todas las habitaciones pero no había nadie, al rato de esto sonó el teléfono y nos daban la noticia de que había fallecido un amigo de la familia.
Estos sucesos no solo me pasan a mi sino a toda la familia, una tarde salimos a caminar y mi hermana prefirió quedarse en casa con su hija (mi sobrina), de pronto escuchó que llamaban (a mi sobrina que se llama Jazmín) Jazmín, Jazmín y mi hermana también escuchó que la llamaban, mi sobrina salió corriendo para el living y cuando llegó no había nadie, regresó al patio donde estaba mi hermana y le dijo que no había nadie, así que fueron las dos a fijarse, estaba vacía la casa pero lo más extraño fue que aseguró que la voz que escuchó era de nuestra madre.
Doble creer
Aquí me encuentro corriendo al viento, todo es real.
Semanas atrás pensé seriamente en mi locura pero ahora todo parece pegar un giro de comprensión.
Esto que veo, ahora, no es más que el verdadero “demonio”.
Claro, desde un principio estuve equivocado, pero ahora todo cierra; lo que veía no era más que mi reflejo.
Días anteriores a esto yo era, para así decirlo, normal. Aunque todo esto sonase extraño vivía bien; tenia un buen trabajo, buenas mujeres y el dinero que quisiese. Pero esto terminó cuando conocí a aquel hombre.
A este me lo encontré una noche veraniega en un bar de la ciudad de Buenos Aires.
Yo estaba sentado junto a la barra cuando de repente sentí que alguien tocaba mi hombro, alcé la vista y contemplé a un hombre de aproximadamente cuarenta años; llevaba puesto un sobretodo y el pelo algo enmarañado.
Su aspecto no me impresionó para nada, al contrario, me pareció algo de agrado.
Este se corrió el pelo y luego de mirar hacia ambos lados dijo:
¿Es usted…Eric Savinsqui?
Si, clarorespondí obviamente.
Buenas noches, mi nombre es… bueno digamos usted me va a llamar Sacio.
¿y que desea el señor Sacio? le dije irónico.
Mire usted, lo que le vengo a proponer es algo que seguramente usted no escuchó, o sea que con esto quiero decir que preste suma atención.
Algún día de estos usted recibirá un llamado, el mismo va a ser de mi agente, lo que usted tiene que hacer es…
¿Qué? ¿Está loco?, como va a pensar que yo voy a seguir sus instrucciones – Le dije.
Como decía, lo que usted tiene que hacer es esperar aquel día, yo ahora solo puedo responderle algunas preguntas, tres exactamente.
¿Cómo que solo tres?
Si, y le quedan solo dos.
Bueno… ¿Qué gano con todo esto?
lo que desees, todo lo que desees.
Y… ¿Qué sacrificio debo cumplir?
Ninguno, solo apoyar al clan status.
¿clan status?
se te acabaron las preguntas y se marchó.
Se marchó sin más explicación que esas dos míseras respuestas, ¿pueden creerlo? Se fue y nada más.
Luego de aquel encuentro con Sacio decidí marcharme a casa, pregunté al muchacho del bar por un taxi y me encaminé a la puerta.
Tuve suerte, el taxi llegó al instante, pero mis dudas acerca de aquel hombre no se fueron pasadas las semanas.
Recordé entonces que alguna vez había visto a aquel hombre. Si, era ese que había visto en una convención, la convención de las máscaras de la media noche.
Esta convención se realizaba una vez al año y en la misma se encontraban todo tipo de escritores dedicados al género fantástico, yo recuerdo haber ido ahí solo con curiosidad, pero aprendí diversas cosas y seguí asistiendo año tras año.
Entonces recuerdo haberme cruzado con aquel hombre, lo recuerdo bien porque llevaba el mismo sobretodo de aquella noche.
<< ¿Pero que habrá querido de mi? ¿A que se refería con el clan status?
Bueno, seguro lo sabré el día de mi llamado>> pensé una y otra vez.
Ese día no tardó en llegar, una mañana en la que me encontraba desayunando junto a una mujer que había conocido la noche anterior, sonó el teléfono del hotel donde me alojaba.
Atendí y oí la vos al otro lado del tubo, era una persona de aproximadamente cincuenta años, según estipulé en ese momento.
Esta persona delicadamente dijo:
Hoy a las cuatro de la tarde en el jardín del Sufragio.
¿en donde? pregunté apurado, y entonces colgó el teléfono.
Tomé la guía telefónica y empecé a buscar algún lugar con ese nombre.
Rato mas tarde lo encontré, era un hotel cercano a Caballito, el mismo me quedaba sólo a algunas cuadras del hotel donde me hallaba.
Llegué puntualmente, en la recepción pregunté donde se hallaba el jardín.
El encargado me dijo que sólo podían pasar huéspedes e invitados, yo le dije mi nombre y enseguida me dirigió hacia donde se encontraba sentado un hombre que parecía tener mi edad.
Estaba recostado sobre una posadera de metal, yo caminé titubeando y antes de llegar éste se dirigió hacia mí.
Pensé que no vendrías.
¿Y por que pensaría usted algo así de mi? dije poco convencido.
Porque dudaste cuando te di la orden.
¿Qué orden? Yo solo vengo a escuchar su propuesta.
Por supuesto, la propuesta que tengo para hacer es digamos un cambio.
¿que clase de cambio?
un simple cambio, usted nos da toda su confianza y nosotros lo que usted busque.
Pensará que es muy simple pero para demostrarnos su confianza deberá realizar una prueba.
¿Y que clase de prueba?dije dudoso
El se acomodó nuevamente en su posadera y dijo:
Su prueba va a ser entregarnos su alma.
¿Mi alma?, ¿y como quiere que haga eso?
usted no debe hacer nadame dijo.
sólo debe pronunciar algunas palabras y el resto nos corresponde a nosotros.
¿Quiénes nosotros?
Al clan status, claro.
Quedé pensando un instante y decidí aceptar su proposición, yo igual no creía en nada de aquello de las almas y esas cosas.
Bueno, digamos que acepto ¿Cuándo tendría los beneficios?
Desde el momento en que acepte.
Bueno, entonces acepto dije sin saber a que me arriesgaba.
Luego de pronunciar unas cuantas palabras que me indicaron todo parecía normal. Y un rato más tarde llegó quien había dicho llamarse Sacio.
buenas tardes, aliado. dijo entonces.
buenas tardes. dije sin consultar nada.
Ha tenido mucho valor al aceptar, ya que a muchos de los que les proponemos esto salen corriendo inmediatamente.
Si, pero me gustaría saber algo mas acerca del clan status.
El clan status no es mas que una mentira que se me ocurrió cuando lo vi, en realidad mi nombre es Nosferatus, señor de las tinieblas, dueño del infierno y la maldad. En ese preciso instante su rostro empezó a tornarse diferente, como el de un monstruo diría yo, su cara de persona normal cambio totalmente para revelar a la criatura mas asquerosa que vi en mi vida. Al instante caminé algunos pasos hacia atrás, pero era tarde, no podía huir, el se encontraba frente a mi con sus ojos clavados en los míos.
¿Le sorprende, no es así?
Mi boca tembló junto a mis manos y entonces dije:
Esto no puede ser real debe ser mas que un sueño.
Para tu desgracia es todo lo contrario, no es más que la cruda realidad.
Yo soy el demonio, tu el hombre y me alimento de la vitalidad de tu alma.
¿y mis beneficios?
Los tendrás, solo pide lo que deseas y te lo concederé. Tienes solo dos peticiones para hacerme.
Pensé un instante, tenía todo a mi alcance, pero las posibilidades eran muchas y tendría que elegir correctamente.
Me decidí entonces por pedir dinero y mujeres.
Entonces eso tendrás. Y se retiró instantáneamente.
Pasados los dos primeros días no noté diferencia en mi vida, todo seguía siendo normal, pero al tercer día, cuando me dirigía a comprar algunas cosas encontré en mi bolsillo una pequeña boleta de lotería.
La boleta era del día anterior así que decidí ir a la agencia para ver si tendría algún premio.
La chica que me atendió quedó estupefacta al ver la boleta. Si, la boleta era la ganadora.
Ha ganado más de cinco millones de pesos, dijo ocultando su emoción.
Si, ¿Cómo hago para retirar el premio?
Usted vaya tranquilo, la organización de lotería lo llamará, déjeme su número para que podamos comunicarnos con usted.
Como era de imaginar la noticia corrió rápidamente y antes de darme cuenta mi casa estaba rodeada de noticieros.
¿Qué se siente haber ganado tanto dinero?, preguntó uno.
¿Qué piensa hacer con lo que ganó? decía otro.
Las preguntas caían sobre mi cabeza, mientras yo sólo quería descansar.
Había sido una semana muy dura, primero lo de Nosferatus, luego esto.
Todo encajaba, mi primer deseo se estaba cumpliendo al pie de la letra.
Y claro, nada me extrañaba, lo que había presenciado tres días atrás alcanzaba para creer todo lo que me dijesen.
Al día siguiente todo parecía estar nuevamente en su lugar, pero al salir a la calle nuevamente me asechaban los medios. Yo no quería hablar, ¿Qué podía decir?, gané la lotería y estoy feliz, que estupidez.
Evadí todas las miradas posibles y decidí marcharme a alguna provincia tranquila, con respecto a los medios.
Así fue, un día mas tarde estaba en Entre Ríos en una ciudad llamada Paraná, allí pase varios días disfrutando del dinero, estando hasta con tres mujeres en mi cama y sin preocupaciones.
Las cosas parecían encaminadas, pero a una semana de haber llegado a Paraná me empecé a sentir mal físicamente.
Entonces decidí ir al médico, el me hizo unos estudios que pase a recoger a los dos días.
Como sospeché en algún momento el diagnostico fue VIH positivo. Si, estaba muy enfermo y no tenía cura.
Me sentí desesperado y comencé a buscar por todos lados al tal Nosferatus.
Pedí y grité a los siete vientos, entonces apareció en mi habitación.
Le dije mi petición, tenía que acordarse de que aun me quedaba una.
Pues no cumplió, sólo me dijo que tenía lo que merecía, que una persona que vende su alma no tiene derecho a vivir.
Enfurecido empecé a soltar gritos de odio, pero el sólo se desvaneció.
Quedé de rodillas en mi habitación, llorando y pidiendo perdón a Dios.
Mi cabeza comenzó a trabajar e ideas locas comenzaron a surgir.
<
Eso es lo que haré: contagiaré, por lo menos a una persona. >>
Empecé a enloquecerme con esta idea, tomé una aguja y me encamine a una plaza cercana al hotel.
Allí vi a una pareja sentada, estaban tomados de la mano y parecían tener unos dieciséis años.
Me les acerqué y les pedí fuego, la chica me lo dio cortésmente y en ese preciso instante pinché mi brazo con la aguja y luego a la chica.
La reacción de la misma fue inmediata y el chico sólo me pegó.
Caí desmallado en el pasto y un rato mas tarde desperté en la comisaría.
Me encontraba en mi celda, rodeado de policías y en ese instante comencé a reflexionar. Lo que había hecho no era más que una locura.
Pasaron días y me hallaba frente a una corte, yo muy ingenuo conté todo detalladamente.
Claro, el juez se rió en mis propias narices, era ilógico defenderme contando mi experiencia con Nosferatus.
Me llevaron con un psiquiatra, y el me dijo:
ya deja de creer eso que estas diciendo, tu nunca saliste de Paraná, nunca ganaste la lotería, nunca viste nada fuera de lo común.
Todo lo creaste con tu mente.
En ese instante mi cabeza empezó rebobinar como una película, el doctor tenia razón, nada había pasado.
Sólo había tenido un ataque de locura y amnesia.
Por esto me veo obligado a escribirles esto, a demostrarles lo que puede causar el doble creer.
Ya que el único demonio al cual había mirado de frente había sido mi propio reflejo.
Semanas atrás pensé seriamente en mi locura pero ahora todo parece pegar un giro de comprensión.
Esto que veo, ahora, no es más que el verdadero “demonio”.
Claro, desde un principio estuve equivocado, pero ahora todo cierra; lo que veía no era más que mi reflejo.
Días anteriores a esto yo era, para así decirlo, normal. Aunque todo esto sonase extraño vivía bien; tenia un buen trabajo, buenas mujeres y el dinero que quisiese. Pero esto terminó cuando conocí a aquel hombre.
A este me lo encontré una noche veraniega en un bar de la ciudad de Buenos Aires.
Yo estaba sentado junto a la barra cuando de repente sentí que alguien tocaba mi hombro, alcé la vista y contemplé a un hombre de aproximadamente cuarenta años; llevaba puesto un sobretodo y el pelo algo enmarañado.
Su aspecto no me impresionó para nada, al contrario, me pareció algo de agrado.
Este se corrió el pelo y luego de mirar hacia ambos lados dijo:
¿Es usted…Eric Savinsqui?
Si, clarorespondí obviamente.
Buenas noches, mi nombre es… bueno digamos usted me va a llamar Sacio.
¿y que desea el señor Sacio? le dije irónico.
Mire usted, lo que le vengo a proponer es algo que seguramente usted no escuchó, o sea que con esto quiero decir que preste suma atención.
Algún día de estos usted recibirá un llamado, el mismo va a ser de mi agente, lo que usted tiene que hacer es…
¿Qué? ¿Está loco?, como va a pensar que yo voy a seguir sus instrucciones – Le dije.
Como decía, lo que usted tiene que hacer es esperar aquel día, yo ahora solo puedo responderle algunas preguntas, tres exactamente.
¿Cómo que solo tres?
Si, y le quedan solo dos.
Bueno… ¿Qué gano con todo esto?
lo que desees, todo lo que desees.
Y… ¿Qué sacrificio debo cumplir?
Ninguno, solo apoyar al clan status.
¿clan status?
se te acabaron las preguntas y se marchó.
Se marchó sin más explicación que esas dos míseras respuestas, ¿pueden creerlo? Se fue y nada más.
Luego de aquel encuentro con Sacio decidí marcharme a casa, pregunté al muchacho del bar por un taxi y me encaminé a la puerta.
Tuve suerte, el taxi llegó al instante, pero mis dudas acerca de aquel hombre no se fueron pasadas las semanas.
Recordé entonces que alguna vez había visto a aquel hombre. Si, era ese que había visto en una convención, la convención de las máscaras de la media noche.
Esta convención se realizaba una vez al año y en la misma se encontraban todo tipo de escritores dedicados al género fantástico, yo recuerdo haber ido ahí solo con curiosidad, pero aprendí diversas cosas y seguí asistiendo año tras año.
Entonces recuerdo haberme cruzado con aquel hombre, lo recuerdo bien porque llevaba el mismo sobretodo de aquella noche.
<< ¿Pero que habrá querido de mi? ¿A que se refería con el clan status?
Bueno, seguro lo sabré el día de mi llamado>> pensé una y otra vez.
Ese día no tardó en llegar, una mañana en la que me encontraba desayunando junto a una mujer que había conocido la noche anterior, sonó el teléfono del hotel donde me alojaba.
Atendí y oí la vos al otro lado del tubo, era una persona de aproximadamente cincuenta años, según estipulé en ese momento.
Esta persona delicadamente dijo:
Hoy a las cuatro de la tarde en el jardín del Sufragio.
¿en donde? pregunté apurado, y entonces colgó el teléfono.
Tomé la guía telefónica y empecé a buscar algún lugar con ese nombre.
Rato mas tarde lo encontré, era un hotel cercano a Caballito, el mismo me quedaba sólo a algunas cuadras del hotel donde me hallaba.
Llegué puntualmente, en la recepción pregunté donde se hallaba el jardín.
El encargado me dijo que sólo podían pasar huéspedes e invitados, yo le dije mi nombre y enseguida me dirigió hacia donde se encontraba sentado un hombre que parecía tener mi edad.
Estaba recostado sobre una posadera de metal, yo caminé titubeando y antes de llegar éste se dirigió hacia mí.
Pensé que no vendrías.
¿Y por que pensaría usted algo así de mi? dije poco convencido.
Porque dudaste cuando te di la orden.
¿Qué orden? Yo solo vengo a escuchar su propuesta.
Por supuesto, la propuesta que tengo para hacer es digamos un cambio.
¿que clase de cambio?
un simple cambio, usted nos da toda su confianza y nosotros lo que usted busque.
Pensará que es muy simple pero para demostrarnos su confianza deberá realizar una prueba.
¿Y que clase de prueba?dije dudoso
El se acomodó nuevamente en su posadera y dijo:
Su prueba va a ser entregarnos su alma.
¿Mi alma?, ¿y como quiere que haga eso?
usted no debe hacer nadame dijo.
sólo debe pronunciar algunas palabras y el resto nos corresponde a nosotros.
¿Quiénes nosotros?
Al clan status, claro.
Quedé pensando un instante y decidí aceptar su proposición, yo igual no creía en nada de aquello de las almas y esas cosas.
Bueno, digamos que acepto ¿Cuándo tendría los beneficios?
Desde el momento en que acepte.
Bueno, entonces acepto dije sin saber a que me arriesgaba.
Luego de pronunciar unas cuantas palabras que me indicaron todo parecía normal. Y un rato más tarde llegó quien había dicho llamarse Sacio.
buenas tardes, aliado. dijo entonces.
buenas tardes. dije sin consultar nada.
Ha tenido mucho valor al aceptar, ya que a muchos de los que les proponemos esto salen corriendo inmediatamente.
Si, pero me gustaría saber algo mas acerca del clan status.
El clan status no es mas que una mentira que se me ocurrió cuando lo vi, en realidad mi nombre es Nosferatus, señor de las tinieblas, dueño del infierno y la maldad. En ese preciso instante su rostro empezó a tornarse diferente, como el de un monstruo diría yo, su cara de persona normal cambio totalmente para revelar a la criatura mas asquerosa que vi en mi vida. Al instante caminé algunos pasos hacia atrás, pero era tarde, no podía huir, el se encontraba frente a mi con sus ojos clavados en los míos.
¿Le sorprende, no es así?
Mi boca tembló junto a mis manos y entonces dije:
Esto no puede ser real debe ser mas que un sueño.
Para tu desgracia es todo lo contrario, no es más que la cruda realidad.
Yo soy el demonio, tu el hombre y me alimento de la vitalidad de tu alma.
¿y mis beneficios?
Los tendrás, solo pide lo que deseas y te lo concederé. Tienes solo dos peticiones para hacerme.
Pensé un instante, tenía todo a mi alcance, pero las posibilidades eran muchas y tendría que elegir correctamente.
Me decidí entonces por pedir dinero y mujeres.
Entonces eso tendrás. Y se retiró instantáneamente.
Pasados los dos primeros días no noté diferencia en mi vida, todo seguía siendo normal, pero al tercer día, cuando me dirigía a comprar algunas cosas encontré en mi bolsillo una pequeña boleta de lotería.
La boleta era del día anterior así que decidí ir a la agencia para ver si tendría algún premio.
La chica que me atendió quedó estupefacta al ver la boleta. Si, la boleta era la ganadora.
Ha ganado más de cinco millones de pesos, dijo ocultando su emoción.
Si, ¿Cómo hago para retirar el premio?
Usted vaya tranquilo, la organización de lotería lo llamará, déjeme su número para que podamos comunicarnos con usted.
Como era de imaginar la noticia corrió rápidamente y antes de darme cuenta mi casa estaba rodeada de noticieros.
¿Qué se siente haber ganado tanto dinero?, preguntó uno.
¿Qué piensa hacer con lo que ganó? decía otro.
Las preguntas caían sobre mi cabeza, mientras yo sólo quería descansar.
Había sido una semana muy dura, primero lo de Nosferatus, luego esto.
Todo encajaba, mi primer deseo se estaba cumpliendo al pie de la letra.
Y claro, nada me extrañaba, lo que había presenciado tres días atrás alcanzaba para creer todo lo que me dijesen.
Al día siguiente todo parecía estar nuevamente en su lugar, pero al salir a la calle nuevamente me asechaban los medios. Yo no quería hablar, ¿Qué podía decir?, gané la lotería y estoy feliz, que estupidez.
Evadí todas las miradas posibles y decidí marcharme a alguna provincia tranquila, con respecto a los medios.
Así fue, un día mas tarde estaba en Entre Ríos en una ciudad llamada Paraná, allí pase varios días disfrutando del dinero, estando hasta con tres mujeres en mi cama y sin preocupaciones.
Las cosas parecían encaminadas, pero a una semana de haber llegado a Paraná me empecé a sentir mal físicamente.
Entonces decidí ir al médico, el me hizo unos estudios que pase a recoger a los dos días.
Como sospeché en algún momento el diagnostico fue VIH positivo. Si, estaba muy enfermo y no tenía cura.
Me sentí desesperado y comencé a buscar por todos lados al tal Nosferatus.
Pedí y grité a los siete vientos, entonces apareció en mi habitación.
Le dije mi petición, tenía que acordarse de que aun me quedaba una.
Pues no cumplió, sólo me dijo que tenía lo que merecía, que una persona que vende su alma no tiene derecho a vivir.
Enfurecido empecé a soltar gritos de odio, pero el sólo se desvaneció.
Quedé de rodillas en mi habitación, llorando y pidiendo perdón a Dios.
Mi cabeza comenzó a trabajar e ideas locas comenzaron a surgir.
<
Eso es lo que haré: contagiaré, por lo menos a una persona. >>
Empecé a enloquecerme con esta idea, tomé una aguja y me encamine a una plaza cercana al hotel.
Allí vi a una pareja sentada, estaban tomados de la mano y parecían tener unos dieciséis años.
Me les acerqué y les pedí fuego, la chica me lo dio cortésmente y en ese preciso instante pinché mi brazo con la aguja y luego a la chica.
La reacción de la misma fue inmediata y el chico sólo me pegó.
Caí desmallado en el pasto y un rato mas tarde desperté en la comisaría.
Me encontraba en mi celda, rodeado de policías y en ese instante comencé a reflexionar. Lo que había hecho no era más que una locura.
Pasaron días y me hallaba frente a una corte, yo muy ingenuo conté todo detalladamente.
Claro, el juez se rió en mis propias narices, era ilógico defenderme contando mi experiencia con Nosferatus.
Me llevaron con un psiquiatra, y el me dijo:
ya deja de creer eso que estas diciendo, tu nunca saliste de Paraná, nunca ganaste la lotería, nunca viste nada fuera de lo común.
Todo lo creaste con tu mente.
En ese instante mi cabeza empezó rebobinar como una película, el doctor tenia razón, nada había pasado.
Sólo había tenido un ataque de locura y amnesia.
Por esto me veo obligado a escribirles esto, a demostrarles lo que puede causar el doble creer.
Ya que el único demonio al cual había mirado de frente había sido mi propio reflejo.

Despierto un poco desorientado en mi habitación, pues el hedor a putrefacción ha logrado interrumpir mi sueño, me duele la cabeza, pero algo ha cambiado, este ya no parece ser mi cómodo y acogedor apartamento, el aire esta turbio y pesado y ¡¡las paredes!! Parecen ser de carne putrefacta, emanando ese penetrante hedor a muerte, casi parecen respirar, es grotesco. Me acerco a la ventana para intentar ver hacia fuera pero esta muy opaca y no deja ver nada, y al tocarla, me doy cuenta que ha dejado de ser vidrio y parece ser una piel densa y estirada, ¡¿Qué demonios es esto?!, salgo de mi habitación muy entubado por lo que estoy presenciando, me dirijo hacia mi sala de estar y el ambiente es aun mas lúgubre, comienzo a caer en la desesperación e intento salir del apartamento pero para mi asombro, me encuentro con la puerta de entrada encadenada desde adentro con cinco enormes candados que parecen estar hechos de huesos, esto me descontrola, comencé a tener una agobiante sensación de encierro y desesperación, pero no quería perder el control, siempre he sido una persona que sabe manejar sus emociones, así que me tranquilice tanto como pude e intente asimilar la situación.
Me di la vuelta y comencé a observar a mi alrededor, como queriendo encontrar una respuesta a lo que estaba pasando, pero lo único que pude ver eran unas extrañas figuras que se formaban en la pared, parecía como si un rostro desfigurado y con los tejidos expuestos intentar salir de ella, es escalofriante y a la vez repugnante.
Repentinamente, a mis espaldas, el televisor se enciende, pero no muestra nada, solo estática, intento apagarlo pero es en vano, intento desconectarlo pero no esta conectado, un escalofrío me recorre el cuerpo de pies a cabeza erizando todos los vellos en el camino. Intento no tomarle importancia mientras trato de comprender lo que esta sucediendo en este momento. Estoy seguro que es mi apartamento, son mis muebles, mis fotografías están colgadas en la pared, aunque todo parece tan grotesco, tan demoníaco, pareciera ser la guarida de algún repugnante demonio.
La peste no me deja pensar bien, siento que mi cabeza va a estallar, apoyo mi mano en la pared y me sostengo la cabeza con la otra mano, puedo sentir el palpitar de la pared entre mis dedos, me siento aturdido, luego comienzo a sentir que la textura de la pared cambia y se va volviendo mas viscosa, me alejo de ella rápidamente, veo como se forma un circulo negro en la pared que va creciendo como una mancha y comienza a emanar una viscosidad negra, emanando también mas pestilencia. ¡¡Pero que demonios!!, es una mano, una mano comienza a emerger de la pared, me quedo estupefacto sin poder creerlo, pero no solo es la mano sino un objeto con forma casi humana lo que esta saliendo de ahí. Es algo horrible y repugnante, tiene ese espantoso olor tan penetrante que podría olerlo aun si no tuviera nariz, esta bañado totalmente en lo que parece ser sangre coagulada y rodeado por esa negra viscosidad, sus tejidos internos están expuestos y casi no tiene piel, parece estar inflamado y en evidente estado de descomposición, el hedor a cadáver es asfixiante. Pero mi asombro es mayor pues parece estarse moviendo y emitiendo gemidos ¡¡Esta Vivo!! No puedo creer que esa cosa aun viva, el ser me vio, y ví como un ojo se le cayo, pero éste sólo se lo reacomodo y comenzó a moverse hacia mi, lo hacia casi arrastrándose, comenzó a ponerse de pie y venia hacia mi emitiendo esos tenebrosos gemidos que parecían de un dolor insufrible. Preso del terror que me invadía, di unos pasos hacia atrás y tropecé con una silla que estaba tirada en medio de la sala, pero pude ver con este ser se abalanzaba sobre mi justo antes de caer al suelo, mi cabeza golpeo contra el piso y quede inconsciente.
Despierto de golpe con un grito angustioso y mi cuerpo bañado en sudor, en mi cabeza están aun todas esas imágenes de horror, pero cuando reacciono me doy cuenta que estoy en mi cama, en mi habitación, un agudo dolor de cabeza acompaña mi mañana. ¿Habrá sido solo un sueño?, si, debió serlo, un sueño muy real, me digo esto a mi mismo tratando de convencerme pero la verdad, con poco éxito. Me levanto de la cama y me acerco a la ventana de mi cuarto, todo parece normal, como debe ser, veo hacia afuera y observo en la calle las personas caminando y los autos circulando. Algo me impulsa a tocar el vidrio de la ventana, es un sentimiento mezcla de curiosidad y temor, se que es ilógico, se que es vidrio, ¿que otra cosa podría ser?, pero, tengo que tocarlo, tengo que asegurarme. Me acerco y lo toco… nada, es vidrio, ya lo sabia, pero en mi interior suspiro aliviado.
Ahora más calmado, observo detenidamente a mí alrededor, todo es normal. Tocando las paredes me aseguro que son lo que son, sólo paredes. Esto aumenta mi incertidumbre de lo sucedido antes, pues en vez de tomar esa calma y normalidad de la que me encuentro rodeado ahora como una prueba que nada ha pasado, lo único que consigo es aumentar mi duda, me pregunto con cada vez mas recelo lo sucedido anteriormente, ¿Qué fue lo que pasó? ¿Habrá sido real o no?
Aun adolorido e intentando poner mis pensamientos en orden, salgo de mi habitación y voy hacia la sala, apoyo la mano en la pared, en el mismo lugar donde lo hice antes y… como lo esperaba, nada. Me acerco al televisor e intento encenderlo y como todo lo demás, nada pasa, con ironía pienso que si hubiese encendido me habría asustado pues tiene meses de estar averiado. Observo la pared, el mismo lugar donde antes había brotado ese repugnante ser que no quisiera recordar, solo observo, prefiero no tocar ahí. Varios pensamientos surcan mi mente, como que seria horrible terminar así como ese ser, ¿que habrá hecho en vida para tener un castigo tan cruel? En ese momento, como un as de luz que atraviesa mi cerebro, una imagen llega a mi cabeza: la puerta de entrada, corro hacia ella, y quedo perplejo, petrificado ante la puerta, intento reaccionar pero mi cuerpo no responde, mis ojos observan la puerta, están fijos a la puerta. La imagen de la puerta y esos cinco candados me hiela la sangre y me llena de horror, entonces no fue un sueño, fue todo real. Intento controlarme nuevamente y pensar en una explicación lógica para esto, ¡¡ Pero que estoy diciendo?, esto no tiene lógica, tengo que salir de aquí!!. En un arranque desenfrenado cuando el temor se convierte en furia, corrí hacia el cuarto de baño y tome un hacha que ahí guardaba, regrese a la puerta y comencé a golpear los candados una y otra vez, una y otra vez, así unas veinte veces, hasta que mi furia se había disipado, pero este sentimiento ahora se convertía en desesperación al ver que los candados se auto reparaban a si mismos de cada golpe que les había propiciado, comencé a golpearlos otea vez con el hacha intentando en vano cortarlos pero estos re regeneraban una y otra vez haciéndose mas gruesos cada vez, no podía hacer nada, estaba agobiado observando algo a lo que no podía combatir, me detuve y el hacha comenzó a hacerse mas pesada y solo la deje caer a un lado, luego me derrumbe sobre mi mismo cayendo pesadamente sobre mis rodillas, a los pies de aquella puerta con esos cinco malditos candados, estaba perplejo, conmocionado, rozando el borde de la locura ante la imagen de esos candados en la puerta frente a mi, el mensaje era claro: yo no saldría de ahí.
Bajo la vista y observo mis manos: están sangrando le di con tanta fuerza a los candados que mis manos se hirieron, la piel se abrió y comencé a sentir el dolor. Aun me dolía la cabeza. Me levante para ir al baño a intentar curarme. En la sala tropecé con una silla, la maldije y solo la deje ahí tirada sin darle más importancia. Luego abrí la puerta del baño, entre y cerré la puerta, aunque vivía solo siempre tuve esa costumbre. comencé a buscar vendas en las gavetas, mi cabeza me estaba matando, abro la llave del lavamanos y me dispongo a asearme, en ese momento levanto la vista y veo el espejo frente a mi; algo no esta bien, mi rostro, me veo muy demacrado y casi cadavérico, yo no soy así ¿la condensación en el espejo no me deja ver bien?, acerco mi mano y lo limpio, pero ¡¡Mi Mano!!, tiemblo al ver mi mano pues puedo ver los huesos y tendones en su interior, y yo pensaba que era una simple cortada, con horror veo mi rostro en el espejo, no se como describir lo que ví, este dolor de cabeza no es solo una jaqueca, es un hoyo en mi cráneo, mi cerebro esta expuesto, ahora lo recuerdo, recuerdo por que me duele la cabeza, puse un arma en mi boca y dispare, la bala salio por la parte superior de mi cabeza, pero ¿no morí? ¿Como? Ese olor otra vez, el olor a muerte me invade otra vez, no, yo debería estar muerto, el ambiente alrededor mío comienza a cambiar, las paredes comienzan a transformarse en una masa de carne podrida y viscosa y se puede sentir como lentamente comienzan a palpitar rítmicamente como un corazón acelerado. Me veo a mi mismo y observo como la piel de todo el cuerpo se contrae y se abre, es en extremo doloroso, la sangre se coagula casi al instante y mis músculos comienzan a podrirse; la carne se me cae a pedazos dejando ver mis costillas y mi abdomen se abre dejando escapar mis vísceras, nunca creí decir esto pero mis intestinos se salían de mi y tenia que sostenerlos con lo que aun me quedaban de manos para que no cayeran al piso, mi cuerpo se estaba descomponiendo y es un dolor inimaginable.
Volví a ver el espejo nuevamente pero ahí ya no se reflejaba mi imagen, sino más bien, se veía una escena como en un canal de televisión, pero lo que ahí se reflejaba era una imagen de mi cuarto, y ahí estaba yo, acostado en la cama antes de haberme disparado en la cabeza. Di un paso hacia atrás y me topé a la pared, mejor dicho, me pegué a la pared pues los fluidos de mi cuerpo descarnado se pegaron de una asquerosa manera a los viscosos fluidos de la pared tras de mi, ahora convertida en una masa de carne podrida y palpitante. Pero no solo me había pegado a la pared, sino que sentía como esta me halaba mas y mas y no podía escapar hasta que me absorbió totalmente y me encontré dentro de esta palpitante pared, me sentía asfixiado, rodeado de una materia viscosa y oscura, esa sustancia se metía en mi boca y nariz y por todas las partes de mi cuerpo ahogándome sin llegar a morir. comencé a luchar para salir de ahí, luego de mucho esfuerzo logré sacar una mano, era mi esperanza de salir de ahí, comencé a luchar nuevamente, ahora con mas ahínco para poder liberarme y poco a poco pude ir escapando de la pared hasta que caí al suelo, bañado en esa sustancia negra y viscosa, pero extrañamente ya no me encontraba en el cuarto de baño sino en la sala de mi casa, de alguna manera me había desplazado dentro de la pared hasta llegar a la sala de estar, no sabia como, pero la verdad en ese momento esa no era mis prioridades, lo único que quería era que esa pesadilla acabara.
En el momento que caí al suelo desde la pared, levante la cabeza y pude ver a una persona que estaba ahí, quise levantarme pero un ojo se me cayó, me lo reacomode e intente acercarme a esa persona para pedirle ayuda pero mis cuerdas vocales estaban tan dañadas que de mi garganta solo salían unos espantosos gemidos, me asuste al escucharme a mi mismo, luego de esto pude ponerme de pie y con mis dos ojos bien puestos en sus respectivos lugares, pude ver a la persona que estaba parada frente a mi, y para mi asombro, era yo, ¿como era posible eso?, en cualquier otra circunstancia no lo hubiera creído pero ahora lo comprendía bien, ese era yo varios momentos antes cuando tuve esa mala experiencia que creía había sido un sueño, aunque no era nada en comparación a lo que estaba pasando ahora. Debía prevenirme de no suicidarme y lo intente, me acerque a aquel que era yo para advertirle o advertirme de lo que estaba sucediendo, pero una vez mas cuando abrí la boca solo salio ese macabro gemido de mi, y él se asustó, retrocedió y tropezó con una silla que estaba tirada en medio de la sala, se golpeo la cabeza contra el piso y quedo inconsciente ¡¡esa maldita silla!! Intente reanimarlo pero fue en vano así que lo levante y lo llevé a la cama justo a tiempo pues al momento de bajarlo un brazo se me desprendió.
Lo observe detenidamente por un momento, y ví su cabeza, estaba abierta, definitivamente no era por la caída, ya se había disparado, estaba muerto, recuerdo eso, recuerdo que lo primero que hice al despertarme fue dispararme en la cabeza, lo estaba viendo otra vez, no llegue a tiempo para advertirme de no hacerlo.
Un poco mas calmado, lleno de enojo y resignación por lo que me estaba sucediendo, recogí mi brazo y salí de ahí, me dirigí hacia la puerta y con sorpresa ví como los candados se abrían, las pesadas cadenas que sellaban la puerta cayeron al suelo, quería abandonar todo eso y dejarlo atrás, al fin podría liberarme, y entonces, lentamente con la única mano funcional que me quedaba abrí la puerta y la atravesé pero no era lo que yo esperaba, en realidad no estaba saliendo de mi apartamento, sino, entrando nuevamente, con la única diferencia que ahí todo se veía normal, la entrada a uno era la salida a otro era como estar al otro lado del espejo, donde la puerta marcaba la diferencia, cuando atravesé la puerta por completo mi mano se quedó adherida a ésta desde el hombro y se cerro tras de mi. Uno a uno comenzaron a aparecer los cinco candados que la sellan y mi mano que estaba ahí adherida comenzó a convertirse en un candado mas, son seis, ahora la puerta se sello con seis candados, al ver esto abandone toda esperanza y me deje caer al suelo, ahí tendido comencé a sentir como las pocas partes que aun colgaban en mi cuerpo se desprendían de mi y se fusionaban con el piso hasta que este se convertía en carne, y esa mancha de carne se fue agrandando poco a poco hasta alcanzar las paredes y el cielo falso, luego, cuando mi corazón se desprendió y cayo al piso, el lugar completo cobró vida, y las paredes poco a poco comenzaron a palpitar. Mi apartamento se había convertido en un lugar lúgubre, con el aire denso y viciado como la guarida de algún repugnante demonio. Mi apartamento cobro vida, pus yo le brindé la mía.
Despierto un poco desorientado en mi habitación pues un hedor a putrefacción interrumpió mi sueño, me duele la cabeza, pero algo ha cambiado…
Mañana lloverá
La última clase es siempre la peor. El cansancio acumulado durante la mañana finalmente vence nuestras fuerzas y nos oprime contra los pupitres. Hoy ha sido otro día vacío de significados, tal vez porque el gran hueco que deja el autoengaño al desvanecerse no puede ser ocupado por las pasajeras afectividades cotidianas.
El profesor expone en voz alta su interesante monólogo sobre la lógica kantiana. Al igual que los escritores, los filósofos son seres curiosamente extraños. Todos parecen escandalizarse ante la simplicidad del monótono ciclo de la vida y, para evitar la desesperación, dedican su tiempo a la creación de posibilidades razonables, mundos paralelos, complejas interconexiones conceptuales de difícil comprensión, realidades no acontecidas y toda una extensa gama de metafísicas ridículamente humanas; como si lo que es pudiera adentrarse un poquito en lo que jamás podrá llegar a ser. Aquel que no reconoce sus límites está irremisiblemente condenado a chocar contra ellos, y los ahogados bufidos de la clase parecen confirmar lo que pienso.
Al mirar por la ventana puedo captar la fluctuación de memorias olvidadas, sin sentido ni rumbo en el subconsciente. El aire dobla las malas hierbas que crecen junto al edificio y el cielo parece cubierto de ceniza; es muy probable que llueva.
Estoy empezando a sentirme mal. La cabeza me da vueltas, las formas parecen desdibujarse en manchas difusas ante mis ojos. Un agudo malestar constriñe ni vientre; creo que estoy enfermando por momentos.
Con gran esfuerzo consigo ponerme en pie -todos giran sus inexpresivos rostros hacia el novedoso estímulo- señalando la puerta con una mano mientras apoyo la otra sobre la mesa para no caer de bruces en el suelo. El profesor hace un indescriptible movimiento con su brazo sin interrumpir su discurso, que yo interpreto como la concesión del permiso para abandonar el aula, aunque de igual modo podría ser un recurso más de su repertorio gestual, tan histriónicamente explotado en la explicación de sus abstracciones.
Cierro la puerta a mi espalda y me dirijo hacia los servicios a paso ligero. Algo está bullendo, cambiando en mi interior, pero no siento ningún dolor. Comienza a escocerme el brazo derecho. Desabrocho la manga de mi camisa y, para mi sorpresa, compruebo que tengo el antebrazo despellejado, en carne viva; puedo ver el fino entramado de vasos sanguíneos que recorren mi extremidad descubierta, aunque sigo sin sentir el más mínimo dolor.
Un intenso olor a orín me golpea al entrar en la estancia de azulejos blancos. Antes de llegar a los lavabos una repentina arcada convulsiona mi cuerpo y vomito un espeso líquido negro. Caigo de rodillas al suelo con los brazos extendidos para evitar el terrible golpe y mi brazo derecho se rompe con un sonoro crujido. Al incorporarme veo mi brazo astillado flotando en el charco oscuro.
Tambaleándome intento volver hacia la clase. Una nueva arcada recorre mi tembloroso cuerpo. La masa de mis intestinos rasga la carne, rompiendo la camisa, irrumpiendo al exterior; en un acto reflejo, intento inútilmente mantenerla en su lugar con mi brazo izquierdo. No sé lo que está ocurriéndome, no siento nada.
Toda mi epidermis comienza a replegarse sobre sí misma como pergamino viejo y mi carne se cae a pedazos a cada paso. El maxilar inferior se desprende de mi cráneo y mi ojo derecho queda colgando del nervio óptico; lo arranco con un rápido tirón para no perder la estabilidad visual. El dolor físico es ahora sólo el recuerdo de una sensación inexistente.
Entre no pocos esfuerzos consigo abrir la puerta del aula. Durante una décima de segundo, mi único ojo percibe fugazmente todos los rostros de los alumnos, justo un instante anterior a su transformación en máscaras de puro terror. Intento hablar, pero me resulta imposible. Gritos inconcebibles inundan la clase cuando la percepción colectiva se hace real y efectiva. Muchos caen desvanecidos sobre sus mesas, otros quedan paralizados por el horror. Mi aspecto ha de ser espantoso, aunque lo cierto es que, mentalmente, sigo siendo yo.
Me arrastro lentamente hacia la tarima del profesor, que yace sobre ella con los ojos en blanco. Tras de mí escucho los aullidos dementes de los que consiguen escapar, cada vez más lejanos, reverberando por los amplios pasillos vacíos.
Mi cuerpo carece ya de los elementos y energía que lo sustentaban normalmente y caigo hacia delante, decapitándome con el borde de la mesa del profesor; mi cabeza queda encima, cerca de la ventana.
Soy sólo consciencia.
Soy materia insensible.
Puedo ver sobre las montañas del horizonte una bandada de pájaros alejándose. El cielo que todo lo cubre está hilvanado con nubes grises.
Mañana lloverá.
El profesor expone en voz alta su interesante monólogo sobre la lógica kantiana. Al igual que los escritores, los filósofos son seres curiosamente extraños. Todos parecen escandalizarse ante la simplicidad del monótono ciclo de la vida y, para evitar la desesperación, dedican su tiempo a la creación de posibilidades razonables, mundos paralelos, complejas interconexiones conceptuales de difícil comprensión, realidades no acontecidas y toda una extensa gama de metafísicas ridículamente humanas; como si lo que es pudiera adentrarse un poquito en lo que jamás podrá llegar a ser. Aquel que no reconoce sus límites está irremisiblemente condenado a chocar contra ellos, y los ahogados bufidos de la clase parecen confirmar lo que pienso.
Al mirar por la ventana puedo captar la fluctuación de memorias olvidadas, sin sentido ni rumbo en el subconsciente. El aire dobla las malas hierbas que crecen junto al edificio y el cielo parece cubierto de ceniza; es muy probable que llueva.
Estoy empezando a sentirme mal. La cabeza me da vueltas, las formas parecen desdibujarse en manchas difusas ante mis ojos. Un agudo malestar constriñe ni vientre; creo que estoy enfermando por momentos.
Con gran esfuerzo consigo ponerme en pie -todos giran sus inexpresivos rostros hacia el novedoso estímulo- señalando la puerta con una mano mientras apoyo la otra sobre la mesa para no caer de bruces en el suelo. El profesor hace un indescriptible movimiento con su brazo sin interrumpir su discurso, que yo interpreto como la concesión del permiso para abandonar el aula, aunque de igual modo podría ser un recurso más de su repertorio gestual, tan histriónicamente explotado en la explicación de sus abstracciones.
Cierro la puerta a mi espalda y me dirijo hacia los servicios a paso ligero. Algo está bullendo, cambiando en mi interior, pero no siento ningún dolor. Comienza a escocerme el brazo derecho. Desabrocho la manga de mi camisa y, para mi sorpresa, compruebo que tengo el antebrazo despellejado, en carne viva; puedo ver el fino entramado de vasos sanguíneos que recorren mi extremidad descubierta, aunque sigo sin sentir el más mínimo dolor.
Un intenso olor a orín me golpea al entrar en la estancia de azulejos blancos. Antes de llegar a los lavabos una repentina arcada convulsiona mi cuerpo y vomito un espeso líquido negro. Caigo de rodillas al suelo con los brazos extendidos para evitar el terrible golpe y mi brazo derecho se rompe con un sonoro crujido. Al incorporarme veo mi brazo astillado flotando en el charco oscuro.
Tambaleándome intento volver hacia la clase. Una nueva arcada recorre mi tembloroso cuerpo. La masa de mis intestinos rasga la carne, rompiendo la camisa, irrumpiendo al exterior; en un acto reflejo, intento inútilmente mantenerla en su lugar con mi brazo izquierdo. No sé lo que está ocurriéndome, no siento nada.
Toda mi epidermis comienza a replegarse sobre sí misma como pergamino viejo y mi carne se cae a pedazos a cada paso. El maxilar inferior se desprende de mi cráneo y mi ojo derecho queda colgando del nervio óptico; lo arranco con un rápido tirón para no perder la estabilidad visual. El dolor físico es ahora sólo el recuerdo de una sensación inexistente.
Entre no pocos esfuerzos consigo abrir la puerta del aula. Durante una décima de segundo, mi único ojo percibe fugazmente todos los rostros de los alumnos, justo un instante anterior a su transformación en máscaras de puro terror. Intento hablar, pero me resulta imposible. Gritos inconcebibles inundan la clase cuando la percepción colectiva se hace real y efectiva. Muchos caen desvanecidos sobre sus mesas, otros quedan paralizados por el horror. Mi aspecto ha de ser espantoso, aunque lo cierto es que, mentalmente, sigo siendo yo.
Me arrastro lentamente hacia la tarima del profesor, que yace sobre ella con los ojos en blanco. Tras de mí escucho los aullidos dementes de los que consiguen escapar, cada vez más lejanos, reverberando por los amplios pasillos vacíos.
Mi cuerpo carece ya de los elementos y energía que lo sustentaban normalmente y caigo hacia delante, decapitándome con el borde de la mesa del profesor; mi cabeza queda encima, cerca de la ventana.
Soy sólo consciencia.
Soy materia insensible.
Puedo ver sobre las montañas del horizonte una bandada de pájaros alejándose. El cielo que todo lo cubre está hilvanado con nubes grises.
Mañana lloverá.
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