Érase una vez un matrimonio que se iba a cenar porque era su aniversario y contrataron a una canguro para que cuidara de los niños.
Cuando el matrimonio se fue, la canguro le dio de comer a los niños, los bañó y los acostó y ella se sentó en el sofá a ver la tele. Mientras que veía la tele, el perro de la familia de aquella casa le lamía la mano.
Entonces anunciaron que un loco se había escapado del manicomio y no habían conseguido encontrarlo. De repente a la canguro le entró hambre y fue a la cocina a prepararse un sándwich. Entonces vio que la puerta de la cocina estaba abierta y dijo:
Hay un loco suelto y yo con la puerta de la cocina abierta.
Y cerró la puerta. Cuando se preparó el sándwich se sentó de nuevo en el sofá y le puso la mano al perro para que se la siguiera lamiendo.
Al rato escuchó un ruido y fue a mirar a la planta de arriba en las habitaciones de los niños pero estaban dormidos, entonces escuchó el sonido de unas gotas y fue a mirar al cuarto de baño. Allí estaba la cabeza del perro colgada de la pared y en el espejo estaba escrito con sangre:
LOS LOCOS TAMBIÉN SABEMOS LAMER...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja aquí tu comentario, Gracias